martes, 26 de junio de 2012

4:00 am

 Es entonces cuando vas andando sin rumbo, cuando te sientes perdida por las calles de aquella ciudad, y mires donde mires volverán a tu memoria recuerdos medio muertos que vagan por aquellos bancos donde os solíais sentar, aquellos parques donde os comíais a besos, aquellos rincones donde te juró amor eterno.
De repente miras hacia aquel portal y te encuentras con una persona fumando y te quedas como embobada mirando como se disipa aquel humo, como si fuese su amor. Te miras al espejo y a penas te reconoces con la cara negra por el puto rimmel, que no para de mancharte toda la cara acompañado de unas lágrimas suicidas que se tiran por tus ojos. 
Te piensas que todo volverá a ser como antes, que puedes volver atrás y decirle las cosas claras, ¡que le necesitas, joder! Pero te quedas mirando aquel cigarro sostenido en unos dedos con unas uñas medio pintadas de un rojo intenso y descubres que se está acabando. El humo se disipa y el cigarro va desapareciendo poco a poco, consumiéndose... como tu vida, esperando que tu humo vaya hacia atrás hasta aquel momento en el que le dijiste tu último " te quiero ". 

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Dulce locura.

Dulce locura.