lunes, 17 de septiembre de 2012

Solías susurrarme que no saldrías de mi vida.

Dejaba que tu olor inventado me abrumase acompañado de unas palabras que nunca pronunciarías, que el imaginar el tacto de tu pelo contra las yemas de mis dedos lo calmasen todo, sosegando una sensación parecida a la que se experimenta cuando estás a un paso de una muerte irreal. Solía imaginar como cuando la angustia de un peso muerto mezclado con una atmósfera agobiante ejercía presión sobre mi, hundiéndome, tú te colabas en mi habitación y muy despacio me abrazabas, con la ternura con la que sostienes a un recién nacido en tus brazos, con la delicadeza caracterizada de un beso inexperto. Sí. A menudo lo hacía. ¿Por qué vivir en un mundo sin ti pudiendo crear el mío propio en mi mente? Anhelo. Eso es todo y nada más. Eso es nada y todo más. Eso eres tú.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Dulce locura.

Dulce locura.